
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
La autopista del Adriático cruza la ladera por encima de Budva como una repisa, y las calles que quedan justo debajo son donde vive buena parte de la ciudad: manzanas tranquilas con jardines, una gasolinera, tiendas pequeñas y el tráfico cotidiano de una ciudad que trabaja, no de un destino de vacaciones. Lo útil es la distancia: Slovenska plaža, la larga playa poco profunda que sostiene el verano de Budva, queda a cinco minutos cuesta abajo, y todo el frente marítimo se alcanza sin subirse al coche.
Esa playa es donde se concentra la vida veraniega: plataformas de baño, sombrillas de alquiler, duchas, zonas de juego y un paseo pavimentado que continúa más allá de la marina hasta el pie de las murallas de la ciudad vieja. En el otro sentido llega a Bečići, dos kilómetros de arena abierta y uno de los tramos más concurridos de esta costa. Tierra adentro el carácter se da la vuelta en cuestión de minutos: la carretera que trepa entre las aldeas de la colina ofrece bancales de olivos, aire más fresco y una vista despejada sobre la bahía antes de enlazar con la ruta de montaña hacia Cetinje. Para comer, las parrillas familiares cercanas a la carretera sirven lo de siempre —carne a la brasa, pan recién hecho, vino de la casa— a precios que la primera línea abandonó hace años.
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