
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Pržno es una cala de pescadores en activo y no un paseo de resort, y en eso reside buena parte de su atractivo. Las casas de piedra se apiñan hombro con hombro en torno a una pequeña bahía resguardada, las barcas de madera quedan varadas al borde de los guijarros y las konobas junto al agua siguen armando la carta con lo que ha entrado esa misma mañana: pescado blanco a la parrilla, risotto negro, pulpo hecho bajo la campana de la peka. El pueblo es tan compacto que la playa queda a unos pocos minutos a pie desde cualquiera de sus calles, y las de detrás del puerto, entre ellas Stefana Mitrovića, conservan la sombra hasta bien entrada la tarde.
Saliendo de la cala hacia el oeste se entra en la finca de Miločer, donde los pinos piñoneros y los viejos cipreses dan sombra al sendero litoral que lleva hasta el istmo de Sveti Stefan y hasta el islote, que se contempla muchas más veces de las que se pisa. El casco antiguo de Budva y su bullicio nocturno quedan a unos ocho kilómetros por la Jadranska magistrala, lo bastante cerca para ir a cenar y lo bastante lejos para dejarlo atrás sin esfuerzo. Julio y agosto llenan la cala; junio y septiembre mantienen el agua templada y las mesas libres, y es entonces cuando suelen venir los habituales.
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