
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Mogren cambió la manera de fotografiar Budva: dos calas de guijarro bajo una pared de roca vertical, a las que se llega por una estrecha pasarela tallada en el acantilado que arranca pasado el promontorio de Avala, en el borde occidental de la ciudad. Queda a un par de cientos de metros de estas calles, lo que sitúa en el pequeño reducto de Budva que hay entre las murallas de la ciudad vieja y la colina: un barrio de edificios bajos, patios y árboles crecidos, donde la sombra es real y el aparcamiento no.
El resto de la ciudad se hace a pie. Dentro de las murallas las callejas se mantienen estrechas y frescas, tres iglesias comparten una misma plaza y las almenas de la Citadela dan la vista larga sobre la riviera; abajo, Ričardova Glava es el baño más corto del día. En el otro sentido, el paseo sigue Slovenska plaža hacia el este pasada la marina, acumulando cafeterías, supermercados y plataformas de baño por el camino, y continúa por encima del promontorio hasta la larga arena de Bečići. Al caer la tarde la ciudad vieja se llena y sigue animada hasta tarde, mientras que las calles de detrás se vacían enseguida: una de las razones por las que este rincón tiene un verano distinto del de la primera línea, a cien metros.
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