Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Los capitanes de Dobrota hicieron su dinero en el mar. Durante los siglos XVIII y XIX navegaron el Adriático y mucho más allá, y gastaron las ganancias en casa; por eso un pueblo sin plaza y sin centro tiene una orilla flanqueada de casas barrocas, capillas privadas y embarcaderos de piedra. Dos iglesias grandes, la de San Eustaquio y la de San Mateo, guardan la plata, las vestiduras y los delicados encajes de aguja de aquella época; el encaje que trabajaban las esposas de los capitanes sigue siendo un motivo de orgullo local.
Todo ello se ordena a lo largo de una única carretera de costa que hace también de paseo, de modo que la historia es sencillamente aquello por delante de lo que uno pasa. El mar queda a unos pasos y se entra desde plataformas y viejas escaleras de amarre, no desde playas, y el agua se mantiene clara porque la bahía apenas se mueve. Las murallas de Kotor están a unos dos kilómetros al sur, media hora de paseo llano y agradable entre cafés, tiendas pequeñas y cobertizos de barcas. Esa misma carretera va hacia el norte, hacia Ljuta y Perast, si prefiere ir en el otro sentido.
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