
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Vivir dentro del casco antiguo de Herceg Novi significa vivir en las escaleras. Las callejuelas entre Marka Cara y el mar son estrechas, escalonadas y sombrías, salpicadas de buganvillas y de los patios traseros de casas de piedra del siglo XIX, y todo se alcanza a pie: la plaza de Belavista con su iglesia circular de San Jerónimo, la torre del reloj de Sahat Kula, que hace de puerta de la ciudad desde época otomana, Kanli Kula por encima, una fortaleza prisión hoy convertida en escenario al aire libre durante el verano, y Forte Mare abajo del todo, donde las murallas caen directamente al agua.
El puerto deportivo de Škver y las playas de la ciudad quedan a unos minutos escaleras abajo, y el mercado de abastos, las pescaderías y la estación de autobuses están justo al oeste de las murallas, de modo que la compra diaria es un recado y no una expedición. Esta es además la parte de la ciudad con la vida nocturna más concentrada: bares de vinos en bajos abovedados, konobas que sirven pescado a la brasa y mejillones al estilo de la Boka, y suficiente trasiego en el paseo de abajo para mantener animadas las plazas sin que lleguen a parecer nunca una zona de resort. En febrero el casco antiguo es el centro del Festival de la Mimosa, que es cuando los de aquí sostendrán que el lugar está en su mejor momento.
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