Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Brežine es la tranquila ladera residencial que domina Petrovac, lo bastante retirada del frente marítimo como para que las tardes sean verdes y silenciosas, y lo bastante cerca como para que las dos playas del pueblo queden a un paseo cuesta abajo. La playa principal traza su curva delante del paseo, con la arena teñida de un pardo rojizo característico por la roca del entorno, mientras que Lučice, una cala más pequeña encerrada entre pinos unos centenares de metros en la otra dirección, atrae a quien prefiere la sombra y un agua más calmada. Entre ambas se alza la fortaleza de época veneciana del Kastio sobre su punta rocosa, y frente a la costa están los dos islotes, Katič y Sveta Nedjelja, que dan a Petrovac su silueta reconocible.
La vida diaria aquí se hace a pie: una tienda a menos de cien metros, el mercado del pueblo algo más allá y un paseo jalonado de konobas donde el pescado a la brasa y el vino de la zona llegan sin ceremonias. Petrovac es lo bastante compacto como para cruzarlo en quince minutos, lo que lo convierte en una base cómoda para recorrer la costa: Budva y Sveti Stefan al norte por la carretera del litoral, Bar con su ciudad vieja y su olivo milenario al sur, y la carretera del interior subiendo enseguida hacia el lago de Skadar. El final de la primavera y septiembre son los mejores meses del pueblo, cuando el mar sigue templado, la sombra de los pinos se agradece y las mesas del paseo están animadas sin llegar a llenarse.
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