
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Entre la carretera de Meljine y el frente marítimo, Savina es un cinturón de villas ajardinadas: cipreses, pinos, olivos y adelfas en una ladera que baja sin pausa hasta el paseo. Es la parte más verde de Herceg Novi y de las más resguardadas, y bajar al agua lleva un par de minutos por callejuelas y escaleras, sin tráfico de por medio. El monasterio de Savina, con sus dos iglesias y sus viejos cipreses, queda justo encima, y su vino y su miel se venden en la puerta.
Hacia el este, la costa sigue hasta Meljine, un pequeño núcleo con cuarteles y edificios hospitalarios heredados de los años en que la marina austrohúngara fortificó la bahía, y más allá la carretera se curva hacia Kamenari y el ferry que cruza el estrecho de Verige rumbo a Tivat y Kotor. Hacia el oeste, el paseo lo deja a uno en el casco antiguo en un cuarto de hora escaso, terminando bajo Forte Mare y las puertas de piedra. Entre ambos extremos, uno se baña desde playas pequeñas y plataformas de hormigón en un agua profunda y clara, y las konobas de la orilla no se salen del pescado, los mejillones y lo que hayan dado los huertos de la zona.
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