
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Savina es el lado oriental y más verde de Herceg Novi, una ladera de casas de piedra, jardines y escaleras que bajan hasta el agua, más que un frente marítimo edificado. La playa queda al pie de un tramo corto de escalones, una costumbre que se adquiere enseguida, porque las escaleras son la forma en que esta ciudad conecta sus niveles. A pocos minutos se alza el monasterio de Savina, tres iglesias entre cipreses viejos y olivos, todavía el rincón más silencioso del municipio y un buen sitio para entender cómo la comunidad ortodoxa de aquí fue sorteando, uno tras otro, los dominios veneciano, otomano y austríaco.
El barrio mira a la bocana de la bahía, de modo que la vista es de mar abierto y de barcos virando hacia Kotor, con el cabo de Prevlaka cerrando el horizonte por el oeste. El centro queda a cinco o diez minutos por la carretera de la costa o por el paseo Pet Danica, lo que pone el mercado, las panaderías y los cafés del casco antiguo al alcance sin traer su ruido hasta el balcón. En la otra dirección, el paseo lleva a Meljine y Zelenika, pasando calas de guijarros que siguen sin llenarse bien entrado agosto. Los autobuses de la carretera de la costa convierten Kotor y Budva en excursiones sencillas para quien prefiera no conducir por la bahía.
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