
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
La calle Marina Bečića atraviesa la cara ajardinada del pueblo, un par de cientos de metros hacia dentro desde la arena, donde los olivos, las palmeras y los mandarinos aún superan en número a los edificios. Esta es la parte de Bečići que se queda tranquila pasada la medianoche —los bares y los motores de los deportes acuáticos quedan lo bastante lejos como para diluirse—, mientras que todo lo de primera línea sigue a dos minutos cuesta abajo. En primavera la calle entera huele a azahar; en agosto esos mismos árboles son la única sombra fiable entre las casas.
La playa es un arco continuo de arena y grava fina de algo menos de dos kilómetros, con hamacas de alquiler en el tramo central y espacio libre en ambos extremos. Un paseo pavimentado la recorre entera y continúa hasta Budva, cuya marina, ciudad vieja y ciudadela quedan a unos treinta y cinco minutos a pie; por el otro lado llega a Rafailovići, una antigua aldea de pescadores hoy entregada a las terrazas de marisco. Detrás de la playa, el pueblo aporta lo práctico: panaderías, una farmacia, puestos de fruta y verdura, el parque acuático. Para una salida, la carretera de la costa hacia el norte entra en la bahía de Kotor y llega a la marina de Porto Montenegro, en Tivat, en cosa de media hora, mientras que al sur de Bečići la orilla se quiebra en pequeñas calas —Kamenovo, Pržno— antes de llegar a Sveti Stefan.
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