
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Lo que distingue a este rincón de Bečići de la fila de hoteles pegados a la arena es el verde. Pinos, adelfas y cipreses llenan el terreno entre los edificios y la orilla, de modo que los ochenta metros de bajada hasta el agua se hacen a la sombra, y esos mismos árboles mantienen a distancia el ruido de la carretera de la costa. La playa, en este punto, es ancha y mezcla la arena con la grava fina que los montenegrinos llaman šljunak, y el agua vuelve a aclararse al día siguiente de cualquier tormenta de verano. Detrás de los árboles, la ladera sube en huertos y bancales de olivos que estaban aquí mucho antes que los hoteles.
Hay más que hacer que bañarse. Bečići tiene pistas de tenis y de voleibol, un parque acuático que funciona durante julio y agosto, y casetas a lo largo del paseo que venden excursiones en barco de media jornada por la riviera o hasta Sveti Nikola, la isla boscosa frente a Budva que aquí llaman Hawái. El paseo del frente marítimo llega al puerto y a la ciudad vieja de Budva en unos treinta minutos a pie; en el otro sentido termina en Rafailovići y su hilera de restaurantes de pescado. Para un día lejos de la playa, los canales entre juncos y las colonias de aves del lago Skadar quedan a cosa de una hora tierra adentro, y la ciudad vieja fortificada de Kotor, a una hora costa arriba, combina bien con la subida por las murallas hasta la fortaleza de San Giovanni.
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