Murino: donde el río Lim se encuentra con los Montes Malditos
Murino es un pueblo pequeño y tranquilo del extremo nororiental de Montenegro, situado en el valle alto del río Lim, entre las localidades de Plav y Berane. Con menos de 1.000 habitantes, vive en el cruce de varias fronteras geográficas y culturales: entre el valle del Lim, relativamente accesible, y las cumbres agrestes de Prokletije (los Montes Malditos); entre las tradiciones eslavas y las albanesas; y entre la economía pastoril de montaña que definió esta región durante siglos y una modernidad incierta que llega poco a poco incluso a estos rincones remotos de los Balcanes.

Para el viajero, Murino ofrece una experiencia auténtica de la montaña montenegrina, sin la infraestructura ni las multitudes de destinos más conocidos como Žabljak o Kolašin. El pueblo se asienta a unos 900 metros de altitud, en un valle amplio rodeado de montañas que superan los 2.000 metros y forman un espectacular anfiteatro de cumbres y bosques. El Lim —uno de los grandes ríos de los Balcanes orientales, que atraviesa Montenegro, Serbia y Bosnia antes de desembocar en el Drina— cruza aquí el valle como un torrente de montaña limpio y veloz, muy distinto del río ancho en que se convierte aguas abajo.

El interés de Murino reside sobre todo en su condición de puerta de entrada a las estribaciones septentrionales de Prokletije, una cordillera que reúne algunos de los paisajes alpinos más imponentes y menos explorados de Europa. El pueblo es además parada obligada en la carretera panorámica entre Berane y Plav, una de las más hermosas de un país que abunda en ellas.
Cómo llegar
Murino se encuentra en la carretera M9, que une Berane con Plav, los dos principales núcleos de población del nordeste montenegrino. Desde Plav, bajar hasta Murino lleva unos 15 minutos por una buena carretera que sigue el valle del Lim. Desde Berane, el trayecto hacia el norte dura unos 30 minutos por un terreno cada vez más montañoso.
Desde Podgorica, el viaje hasta Murino dura entre 3 y 3,5 horas. La ruta más habitual pasa por Kolašin y la autovía Mojkovac-Bijelo Polje, y gira después al este hacia Berane para continuar al norte hasta Murino. Otra opción atraviesa Andrijevica y el puerto de Trešnjevik: más bonita, pero más lenta y desaconsejable en invierno.
Desde la costa, llegar a Murino supone una jornada entera. Desde Budva o Kotor, calcule al menos entre 4,5 y 5 horas por Podgorica. Ese aislamiento es parte de lo que preserva el carácter auténtico de Murino: por distancia por carretera desde los grandes centros turísticos, es uno de los pueblos menos accesibles del país.
Hay autobuses entre Berane y Plav, y casi todos paran en Murino. Los horarios, sin embargo, son limitados (por lo general unos pocos servicios al día), y un coche de alquiler da mucha más libertad para recorrer las montañas del entorno. El aeropuerto más cercano es el de Podgorica (TGD), a unos 170 kilómetros al suroeste.
Qué ver y qué hacer
El monte Hajla
La cumbre que domina el horizonte de Murino es Hajla (2.403 m), al este del pueblo, en la frontera entre Montenegro y Kosovo. Es uno de los picos más altos e imponentes de Prokletije, con un inconfundible perfil piramidal que se reconoce desde muy lejos. Los montañeros experimentados pueden subir desde Murino en el día, aunque la ascensión es larga y exigente: calcule entre 7 y 9 horas ida y vuelta. Desde la cima, el panorama de 360 grados es extraordinario y abarca Albania, Kosovo y buena parte del este de Montenegro.
Las laderas bajas de Hajla están cubiertas de hayedos y abetales que, pasado el límite del arbolado, dan paso a los prados alpinos. A principios del verano, esos prados se alfombran de flores silvestres, muchas de ellas endémicas de Prokletije. La montaña alberga también rebecos, osos pardos y lobos, aunque verlos exige paciencia y suerte.
Paseos por el valle del Lim
Cerca de Murino, el Lim es un hermoso torrente de montaña, tan transparente que se ve el fondo de piedras, bordeado de prados y bosque de hoja caduca. Los paseos fáciles por el fondo del valle permiten caminar sin esfuerzo entre vistas espectaculares. El río tiene buenas poblaciones de trucha y los vecinos practican la pesca con mosca; el visitante suele obtener permiso informal para pescar preguntando en un café o dirigiéndose a los pescadores de la orilla.
La cultura tradicional de montaña
Murino conserva rasgos de la cultura de montaña que en otro tiempo marcó la vida en todas las sierras montenegrinas. Casas de piedra con tejado de pizarra, huertos, pequeñas explotaciones con unas cuantas vacas u ovejas y un ritmo de vida que marcan las estaciones y no el reloj: todo ello sigue a la vista en el pueblo y sus alrededores. Los vecinos de más edad guardan tradiciones orales, canciones populares y un saber sobre la montaña que desaparece a toda prisa a medida que los jóvenes se marchan a las ciudades. Acercarse a la comunidad con respeto puede abrir una ventana extraordinaria a una forma de vida que apenas ha cambiado en siglos.
Puerta del Parque Nacional de Prokletije
El Parque Nacional de Prokletije, creado en 2009, protege algunos de los paisajes de montaña más imponentes del sur de Europa. La entrada principal y los servicios al visitante se encuentran al norte, cerca de Plav y Gusinje , pero Murino ofrece un acceso alternativo a los flancos occidental y septentrional de la cordillera. Aquí el conocimiento local vale oro: los senderos están peor señalizados que en el corazón del parque, aunque la soledad es mayor.
La carretera a Plav
El corto trayecto de Murino hacia el norte, hasta Plav, es de una belleza excepcional: sigue el valle del Lim por un paisaje cada vez más imponente, a medida que las cumbres de Prokletije se cierran a ambos lados. Plav, a orillas de su lago y al pie del macizo de Visitor, merece de sobra una visita y puede combinarse con Murino en una misma excursión de un día.
Breve historia
El valle alto del Lim está habitado desde la Antigüedad, y en la región se documenta la presencia iliria y, más tarde, romana. La zona perteneció a distintos estados serbios medievales antes de caer bajo dominio otomano en el siglo XV. El periodo otomano duró aquí más que en casi todo el resto de Montenegro: el nordeste fue de los últimos territorios incorporados al Estado montenegrino en expansión, en 1912-13, durante las guerras balcánicas.
La composición étnica y cultural de esta región refleja su historia compleja. Conviven aquí comunidades eslavas (serbias y montenegrinas) y albanesas, con una tradición de convivencia —unas veces armoniosa, otras tensa— que se remonta a siglos atrás. La arquitectura del pueblo mezcla la huella otomana con la tradición montañesa, y algunos edificios muestran el estilo característico de las casas de montaña de los Alpes Dináricos.
Durante el periodo yugoslavo, Murino siguió siendo un pequeño núcleo agrícola y ganadero. La disolución de Yugoslavia y las convulsiones económicas posteriores golpearon con especial dureza el nordeste, y la fuerte pérdida de población es un problema que continúa. Hoy el pueblo intenta desarrollar el turismo como complemento de la economía agrícola tradicional, con el senderismo y las actividades al aire libre como principal reclamo.
Consejos prácticos
- Mejor época para viajar: De junio a septiembre es el momento ideal para caminar y para las actividades al aire libre. Julio y agosto pueden ser calurosos en el valle, aunque resultan agradables en comparación con la costa. Las flores silvestres alcanzan su plenitud en junio y a principios de julio. El invierno trae nieve abundante y muchas rutas de montaña se vuelven intransitables.
- Alojamiento: La oferta en el propio Murino es muy escasa: unas pocas casas de huéspedes y habitaciones particulares. Plav (a 15 minutos al norte) y Berane (a 30 minutos al sur) ofrecen más posibilidades, incluidos pequeños hoteles y apartamentos. En verano conviene reservar con antelación.
- Gastronomía: Espere cocina tradicional de montaña: carnes a la brasa, kajmak (nata cuajada), queso fresco, hierbas de montaña y un pan excelente. La trucha del Lim es la especialidad local cuando la hay. En Murino los restaurantes son contados; en Plav la oferta es mejor.
- Preparación para las rutas: En Prokletije el tiempo cambia con rapidez. Lleve varias capas de ropa, prendas impermeables y agua suficiente para cualquier caminata. La señalización de los senderos va de buena a inexistente. Se recomienda encarecidamente un GPS o una aplicación de mapas sin conexión. Avise a alguien de la ruta que piensa hacer.
- Idioma: En Murino apenas se habla inglés. Unas cuantas frases en serbio o en montenegrino se agradecen mucho. Parte de la comunidad habla también albanés.
- Cobertura móvil: Hay cobertura en el pueblo, aunque puede fallar en las montañas del entorno.
- Combínelo con: Plav, Gusinje, el Parque Nacional de Prokletije, la ruta por el valle del Lim y la carretera panorámica que baja a la costa por Andrijevica.
Por qué visitar Murino
Murino no es para todos los viajeros. No hay hoteles de lujo, ni vida nocturna, ni experiencias turísticas envasadas. Lo que ofrece es algo cada vez más raro y valioso: un pueblo de montaña auténtico en uno de los rincones más agrestes y hermosos de Europa, donde todavía se ve la vieja manera de vivir con la tierra y con las estaciones, donde las montañas no están domesticadas y los senderos están en silencio, y donde la hospitalidad de la gente responde a una cultura que convierte la acogida del forastero en una obligación moral profunda. Para el senderista, el amante de la naturaleza y quien busque el Montenegro real que late detrás de la imagen de postal de la costa, Murino es una revelación silenciosa.



