
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
En el extremo más alejado de Velika plaža, donde la arena continúa hacia la desembocadura del Bojana, la costa se vuelve salvaje. Las dunas bajas, los tamariscos y los cañaverales dan paso al pinar, los chiringuitos escasean y, un día entre semana de junio, se puede caminar un kilómetro sin más compañía que las aves limícolas. El mar gana profundidad tan despacio que se hace pie muy lejos de la orilla, y por eso esta playa lleva generaciones siendo un baño de familias; y por eso también estos bajíos llanos y batidos por el viento la han convertido en el centro del kitesurf de Montenegro, con escuelas instaladas sobre la arena desde mayo y una brisa vespertina que rara vez falla.
Detrás de la playa se abre la llanura de Ulcinj, con sus huertas y las amplias lagunas de las antiguas salinas, hoy uno de los enclaves de aves más importantes de la ruta migratoria del Adriático: flamencos, garzas y pelícanos entre unas 250 especies registradas. Ada Bojana, la isla triangular donde el río se bifurca antes de llegar al mar, queda a un corto trayecto en coche: un lugar de casetas de pesca de madera levantadas sobre la corriente, donde lo típico es comer lubina entera a la parrilla o anguila con polenta y acelgas. El casco antiguo y el puerto de Ulcinj están a veinte minutos carretera arriba, para cuando apetezcan callejuelas de piedra en lugar de arena.
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