2 huéspedes · 1 dormitorio · 1 baño · 1 cama
Siete minutos a pie es toda la distancia entre este rincón de Dobrota y las murallas de Kotor, lo que lo sitúa justo en el punto donde el pueblo deja de ser un lugar aparte y pasa a ser sencillamente el borde de la ciudad. La playa urbana queda a unas decenas de metros, la parada de autobús y un pequeño supermercado aún más cerca, y el centro médico a un paseo corto. La combinación da lugar a unas vacaciones poco estructuradas: bañarse antes de desayunar, entrar andando a tomar café y volver para la hora más calurosa de la tarde.
El mercado de productos frescos, pegado a la muralla norte del casco antiguo, merece que se organice una mañana en torno a él. Lo que hay en los puestos cambia con la temporada, de las cerezas y las habas de principios de junio a los higos, las uvas y las granadas de septiembre, junto a queso de montaña conservado en aceite, miel, jamón curado de Njeguši y botellas de aceite de oliva y rakija de elaboración casera. Más tarde, las plazas del interior de las murallas se llenan, y la costumbre local de cenar tarde hace que las terrazas de alrededor de la torre del reloj estén en su mejor momento bastante después de las nueve.
Publicado el 18 de marzo de 2011 · Actualizado el 18 de agosto de 2026
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