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Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Desde la ladera por encima de la carretera de la costa, Igalo se despliega abajo: tejados rojos, la lámina plana de la bahía y la orilla de enfrente, donde Montenegro se encuentra con Croacia. Hay cinco minutos andando hasta el mar y más o menos otro tanto hasta el centro de Igalo, por esa clase de calles escalonadas y flanqueadas de jardines que le dieron a la comarca de Herceg Novi su fama de ciudad de escaleras. Subir cuesta más que bajar, que es el precio de una terraza con vistas a la bocana de la bahía.
Lo que queda al alcance es sencillo. Las playas y el paseo marítimo están al pie de la cuesta, con cafés, panaderías y un mercado cerca. El instituto de rehabilitación y sus tratamientos de barro y termales anclan el centro, abierto tanto en invierno como en verano. Siga el paseo hacia el este y llegará al monasterio de Savina entre sus cipreses, y después al casco antiguo de Herceg Novi con Forte Mare y la plaza del mercado. Tire hacia el oeste por la carretera de la costa para bañarse con más calma por Njivice, o hacia el interior, al verde valle de Sutorina. En otoño los jardines de esta ladera se llenan de granadas y mandarinas y el mar sigue templado hasta bien entrado octubre.
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