
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
El Bulevar Svetog Petra Cetinjskog es la arteria principal de Podgorica, y el tramo que rodea la Trg Republike es donde la ciudad se muestra más pública: ministerios y embajadas a un lado y una plaza amplia con fuentes que cada tarde se llena con ese paseo lento y sociable que los montenegrinos llaman korzo. Al otro lado del bulevar está el parque Njegošev, con plátanos lo bastante frondosos como para hacer agosto llevadero, y de la plaza arranca la peatonal Hercegovačka, flanqueada de punta a punta por terrazas de café donde de verdad se despachan los asuntos del día.
Casi todo lo que merece la pena ver en el centro queda a menos de veinte minutos a pie. El Morača se hunde en su garganta por detrás de la plaza, cruzado por el puente del Milenio y el más antiguo puente Blažo Jovanović, con orillas de grava y pozas de baño abajo en verano. Al otro lado del agua está Stara Varoš, el barrio otomano que ha sobrevivido, con su torre del reloj y sus alminares bajos. Los restaurantes de esta zona cubren todo el abanico que acumula una ciudad diplomática, con pescado a la brasa del lago de Skadar y cordero de la llanura de Zeta junto a cocinas libanesas e italianas, y los viñedos del entorno abastecen el vino de jarra. Para ir más lejos, el bulevar es también la salida: el aeropuerto queda a unos quince minutos al sur y Cetinje a cuarenta al oeste.
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