
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Miladina Popovića está en el lado sur de Podgorica, a lo largo del corredor que sale de la ciudad hacia el aeropuerto, un tramo de concesionarios, parques comerciales y bloques de viviendas recientes más que de calles antiguas. Las ventajas prácticas son evidentes: la terminal queda a cinco o seis kilómetros en coche, el centro a menos de dos, y el mayor centro comercial y supermercado del país están lo bastante cerca como para ir andando, algo que los barrios históricos no pueden ofrecer.
Los lugares de interés de la capital quedan uno o dos kilómetros al norte —la Galería de Arte Moderno, la catedral con sus campanarios blancos, la garganta del Morača y el puente del Milenio—, lo bastante cerca como para llegar andando en veinte minutos o en taxi por el precio de un café. En la dirección contraria empieza de inmediato la llanura de Zeta: plana, calurosa y plantada de viñedos y granados, con Tuzi y los pueblos de habla albanesa más allá, conocidos por su cocina, y con el lago de Skadar a menos de media hora hacia el sur. En verano las temperaturas superan aquí con frecuencia los cuarenta grados, así que casi todo el mundo hace las visitas por la mañana y deja la tarde para la sombra, el aire acondicionado y una cena tardía al aire libre.
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