
Viajes de precio fijo desde los aeropuertos de Tivat y Podgorica.
Njegoševa es una de las calles cortas del centro, dentro de la retícula que sucesivos urbanistas del siglo XX trazaron sobre Podgorica, y queda tan cerca de la Trg Republike y de la franja peatonal de cafés que nada del centro exige coche. Caminando unos minutos hacia el este, el terreno cae hasta el Ribnica, que se une al Morača justo debajo, en la parte habitada más antigua de la ciudad: un cambio de escala y de siglo que ocurre en una sola manzana.
Ese rincón es Stara Varoš, el barrio otomano que sobrevivió a los bombardeos de 1944 que borraron casi toda la vieja Podgorica. La torre del reloj Sahat Kula sigue en pie sobre su plazuela, las mezquitas Starodoganjska y Osmanagić mantienen sus alminares por encima de los tejados bajos, y las ruinas de la fortaleza de Ribnica se asientan en la confluencia, con un viejo puente de piedra al lado. Es un paseo compacto de media hora y la única parte de la capital que se percibe genuinamente antigua. De vuelta en las calles del centro, el día funciona a base de café: mañanas largas en las terrazas, una pausa durante la tarde abrasadora y una segunda vida a partir de las ocho, cuando parece que la ciudad entera está fuera a la vez. El aeropuerto queda a unos quince minutos al sur.
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